Lo que Tienes, Dalo
«No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.» — Hechos 3:6
Pedro no se excusó por lo que no tenía. No miró sus bolsillos vacíos como un obstáculo — miró a Cristo como la única riqueza que importa. El templo estaba lleno de personas que pasaban junto a aquel hombre sin verle de verdad.
Pero Pedro se detuvo. Y detenerse fue el primer movimiento. Después llegó la palabra — no una moneda, sino un nombre. Y en ese nombre había poder suficiente para levantar lo que llevaba cuarenta años quebrado.
Es aquí donde eres desafiado: Dios no te pide lo que no tienes. Te pide lo que tienes — la fe, la obediencia, la disposición de tender la mano. El movimiento siempre comienza contigo, cuando decides detenerte ante la necesidad del otro y pronunciar el nombre que lo cambia todo.
Cuando ofreces a Cristo, ofreces lo suficiente.