El Fuego Que No Se Puede Apagar
"El fuego del altar estará encendido; no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana... El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará." — Levítico 6:12-13
Introducción
Hemos sido constituidos reyes y sacerdotes. Apocalipsis 1:6 y 5:10 son categóricos: "y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre" — "y reinaremos sobre la tierra." No se trata de un título honorífico vacío; es un llamado con responsabilidad. Y la primera responsabilidad de todo sacerdote, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, es la misma: mantener el fuego encendido sobre el altar.
La iglesia es la única entidad sobrenatural legítima sobre la faz de la tierra. Toda la vida de Jesús fue sobrenatural — la concepción, la promesa, el nacimiento, el ministerio. Y el nacimiento de la iglesia, en el día de Pentecostés, también fue sobrenatural. No hemos sido llamados a una religión tibia; hemos sido llamados al fuego.
1. Juan el Bautista Ya lo Había Anunciado
Mateo 3:11 recoge las palabras de Juan el Bautista: "Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí... él os bautizará en Espíritu Santo y fuego." El bautismo con agua prepara; el bautismo con fuego transforma. No hay avivamiento sin fuego, y no hay fuego sin una entrega real al Espíritu Santo.
2. El Éxito de la Iglesia es Reavivar el Fuego
Pablo escribe a Timoteo, un joven líder que quizás estaba desfalleciendo: "te exhorto a que reavives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:6-7).
La palabra griega que hay detrás de "reavivar" lleva la idea de volver a hacer lo que ya se hizo una vez — encender de nuevo una llama que todavía tiene brasas, pero que necesita ser avivada. Nadie reaviva un fuego que nunca existió. Si hoy sientes que tu fuego ha disminuido, la buena noticia es que todavía hay brasas — solo necesitas avivarlas.
Aplicación: ¿Qué apagó tu fuego? ¿Una desilusión, un pecado, un cansancio acumulado? Dios no te pide que enciendas un fuego nuevo — te pide que reavives el que ya puso en ti.
3. El Fuego es Responsabilidad del Sacerdote — No de Dios
Este es el punto más desafiante de todo el texto. Levítico 6:12-13 no dice que Dios mantendrá el fuego encendido de manera automática. Dice que el sacerdote pondrá leña en él, cada mañana, sin fallar. Dios encendió el fuego original (Levítico 9:24) — pero el mantenimiento diario fue entregado al hombre.
Esto significa que el avivamiento no es un acontecimiento que esperamos pasivamente; es una disciplina diaria que practicamos. Cada mañana, leña nueva. Cada mañana, una elección.
4. Cuando lo Imposible se Vuelve Posible
En Hechos 28, Pablo, ya náufrago, recoge unos ramos secos y los echa al fuego. Una víbora le agarra la mano. Los que observan esperan verle caer muerto — pero él sacude la serpiente en el fuego y ningún mal le sobreviene. El fuego que Pablo alimentaba se convirtió en el lugar donde el veneno perdió su poder.
Es exactamente lo que Marcos 16:17-18 promete a los que creen: echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño. Las imposibilidades serán quebrantadas. Lo que parecía imposible se vuelve posible — no porque seamos fuertes, sino porque el fuego que llevamos consume aquello que intentaría destruirnos.
Conclusión
Ana entró en la casa de Dios llorando, sin hijos, incomprendida incluso por el sacerdote, que la acusó de estar borracha. El hombre natural no puede entender lo que estás viviendo, lo que sientes, lo que lloras en silencio. Pero Dios vio el dolor de Ana. Dios ha visto tus lágrimas. Y el milagro estaba a punto de suceder.
Que de esta reunión — o de esta lectura — salga una generación de avivadores. Que cada uno de nosotros, hoy, ponga leña nueva sobre el altar de su propia vida. El fuego no se apagará — si tú no lo dejas apagar.