Poned la Mira en las Cosas de Arriba
«Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.» — Colosenses 3:1-2
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Introducción
Hemos llegado al final de esta serie de predicaciones, y Pablo nos deja con un desafío que es a la vez el más sencillo y el más exigente de la vida cristiana: ¿dónde ponemos nuestros pensamientos? Vivimos en una época de ruido constante — notificaciones, titulares, preocupaciones, miedos. Nuestra mente es bombardeada por todos lados, y muchas veces, al final del día, nos damos cuenta de que hemos pasado horas pensando en todo menos en lo que verdaderamente importa.
Pablo no escribe esto como un consejo de bienestar personal. Lo escribe como una consecuencia lógica del Evangelio. Si somos personas nuevas en Cristo — si hemos muerto y resucitado con Él — entonces hay una nueva orientación natural para nuestras vidas. El pensamiento sigue al corazón, y el corazón debe seguir a Cristo. Esta no es una espiritualidad de evasión, de huir de la realidad. Es, por el contrario, una espiritualidad de perspectiva: aprender a ver todo a la luz de la eternidad.
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1. Resucitados con Cristo: nuestra nueva identidad
Pablo comienza con un hecho teológico, no con un imperativo moral. «Si habéis resucitado con Cristo» — ¡y así es! El bautismo, tal como Pablo explica en los versículos anteriores, es la declaración pública de que hemos muerto con Cristo y resucitado para una vida nueva. Esto no es una aspiración, es una realidad.
Comprender esto lo cambia todo. Cuando no sé quién soy, me convierto en esclavo de mis pensamientos. Sigo lo que la cultura dice, lo que otros piensan de mí, lo que el miedo susurra en la madrugada. Pero cuando sé que soy una nueva criatura en Cristo — resucitado, adoptado, amado — tengo un ancla. Mi identidad no depende de mi rendimiento, ni de lo que el mundo ve.
Aplicación práctica: Comenzad cada mañana recordando quiénes sois en Cristo. No lo que tenéis que hacer, sino quiénes sois. Hijos amados. Nueva creación. Personas que ya han resucitado con el Señor.
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2. Buscad las cosas de arriba: una dirección de vida
La palabra griega usada aquí para «buscad» implica una búsqueda activa, persistente, intencional. No es un pensamiento pasajero, es una orientación de vida. Pablo dice: «donde Cristo está sentado a la diestra de Dios.» El punto de referencia no es una idea abstracta — es una persona. Es Jesús, que reina, que intercede, que nos conoce por nuestro nombre.
Buscar las cosas de arriba no significa ignorar el sufrimiento, las facturas por pagar, la salud frágil o las relaciones difíciles. Significa afrontar todo eso con una perspectiva diferente. Significa preguntarse: «¿Qué piensa Cristo sobre esto? ¿Qué dice la eternidad sobre esta situación?» Es la diferencia entre quien vive asfixiado por lo inmediato y quien respira el aire de la eternidad incluso en medio de la tormenta.
Aplicación práctica: Ante una decisión difícil o una preocupación que no os suelta, haced una pausa y preguntaos con sinceridad: «¿Cómo se ve esto a la luz de la eternidad?» Este sencillo hábito transforma la ansiedad en oración y la desesperanza en confianza.
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3. Poned la mira en las cosas de arriba: la disciplina de la mente
El segundo imperativo — «poned la mira» — es diferente del primero. Si «buscad» habla de la dirección general de la vida, «poned la mira» habla del hábito diario, del ejercicio continuo de la mente. Pablo usa aquí una palabra que implica fijar la mente, establecer la atención con determinación. No es un sentimiento, es una elección.
La mente humana, abandonada a sí misma, tiende a descender. Tiende a la amargura, al resentimiento, al miedo, a la comparación. No por maldad, sino porque vivimos en un mundo caído y nuestros pensamientos lo reflejan. Por eso Pablo dice: no en las cosas de la tierra — no porque la tierra no importe, sino porque las cosas de la tierra no pueden ser el centro de nuestra mente. El centro le pertenece a Cristo.
Este es un trabajo diario. Es la Palabra leída por la mañana. Es la oración que interrumpe el ciclo negativo de pensamientos. Es la comunión con otros creyentes que nos recuerda lo que es verdadero. Es, en definitiva, la renovación de la mente de la que Pablo habla en Romanos 12.
Aplicación práctica: Identificad un patrón de pensamiento que os haya estado dominando negativamente. Elegid un versículo bíblico que hable directamente a ese patrón y memorizadlo esta semana. Dejad que la Palabra vaya sustituyendo progresivamente el pensamiento que os roba la paz.
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Conclusión
A lo largo de esta serie, hemos visto que la vida cristiana es una vida transformada de dentro hacia fuera. Y todo comienza donde Pablo termina hoy: en los pensamientos. Lo que ocupe nuestra mente acabará por moldear nuestro carácter, nuestras palabras y nuestras acciones.
La invitación de hoy es concreta: elegid, deliberadamente, fijar vuestros pensamientos en aquel que está a la diestra del Padre. No como huida, sino como fundamento. Cristo no es solo nuestro Salvador del pasado — es nuestro Señor presente y nuestra esperanza futura. Dejad que eso ocupe el centro de vuestra mente esta semana, y veréis cómo todo lo demás encuentra su lugar.
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Oración Final
Señor Jesús, gracias por ser el fundamento inamovible sobre el que podemos fijar nuestros pensamientos. Ayúdanos, día tras día, a elevar nuestros ojos hacia Ti, a buscar las cosas de arriba con persistencia y alegría. Que nuestra mente sea cada vez más moldeada por Tu verdad y menos por el ruido de este mundo. Amén.
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