La Recompensa No Puede Ser la Motivación
"...para que toda la tierra sepa que hay Dios en Israel." — 1 Samuel 17:46
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Introducción
Hay una tensión en este capítulo que muchos predicadores prefieren ocultar, y que yo quiero sacar a la luz — porque en ella está la lección.
Cuando David llega al campamento, una de sus primeras preguntas es sobre dinero: "¿Qué harán al hombre que venza a este filisteo?" (v. 26). Pregunta, y vuelve a confirmarlo con otros soldados (v. 30).
Pero cuando David está finalmente ante el gigante, con la honda en la mano, lo que sale de su boca no es una palabra sobre riquezas, ni sobre la hija del rey, ni sobre exenciones. Lo que sale es: "para que toda la tierra sepa que hay Dios en Israel".
Algo ocurrió entre el versículo 26 y el versículo 46.
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1. Dios No Condena la Recompensa
Comencemos diciendo lo que dice la Escritura. La Biblia no es hostil a la idea de recompensa. Dios es "galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11:6). Jesús habló repetidamente de tesoros en el cielo. Pablo corría para alcanzar el premio.
Que David preguntara por el premio no fue pecado. Era una promesa pública hecha por el rey, y era legítimo informarse.
El problema nunca es la existencia de la recompensa. El problema es cuando la recompensa deja de ser consecuencia para convertirse en motivación.
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2. La Hora de la Verdad Revela la Motivación Real
Mientras David estaba en el campamento, la conversación podía girar en torno a las riquezas. Pero cuando bajó al valle, solo, con la posibilidad real de morir en los próximos minutos, la motivación superficial no sobrevivió.
Eso es lo que hace la presión: filtra las motivaciones. En la comodidad, es fácil decir que servimos por amor. En la crisis, aparece lo que realmente nos mueve.
Si estás sirviendo a Dios por reconocimiento, el día en que no seas reconocido lo revelará. Si estás sirviendo por posición, el día en que esa posición no llegue lo revelará. Ninguna motivación equivocada sobrevive al valle.
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3. La Pregunta Que Todo Obrero Debe Hacerse
Hay una pregunta que deberíamos hacernos con dolorosa regularidad: si nadie supiera que fui yo, ¿seguiría haciendo esto?
Si la respuesta vacila, no es motivo para abandonar el servicio — es motivo para ir al valle con Dios y dejar que Él purifique lo que necesita ser purificado.
Fíjate también en el alcance de la motivación de David. No dice "para que Israel sepa" — dice "para que toda la tierra sepa". Y añade: "y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza" (v. 47). Su preocupación es por lo que aquella batalla enseñaría sobre Dios, dentro y fuera del pueblo.
Lo que hacemos debe llevar a las personas a hablar de Dios — no de nosotros.
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Conclusión
David acabó recibiendo la recompensa. Recibió riqueza, se casó con la hija del rey, y más adelante recibió el trono.
Pero fíjate en el orden: recibió todo eso después de haber decidido que no era por eso por lo que estaba allí.
Sirve por la honra de Su nombre. Y deja que Dios se ocupe de lo que viene después.