Piedras en la Mano de un Hombre Lleno de Fe
"Y tomó su cayado en su mano, y escogió para sí cinco piedras lisas del arroyo... y su honda estaba en su mano." — 1 Samuel 17:40
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Introducción
Pon los dos inventarios uno al lado del otro.
Goliat: yelmo de bronce, coraza de mallas de unos cincuenta y siete kilos, grebas de bronce, escudo, jabalina, lanza cuya asta era como el rodillo de un telar, y un escudero delante de él.
David: un cayado, una honda, cinco piedras recogidas del arroyo.
Desde el punto de vista del inventario, la batalla estaba decidida antes de comenzar. Y es exactamente por eso que este texto existe.
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1. Dios No Necesita Tu Equipo — Necesita Tu Entrega
La Escritura es coherente en este punto. Moisés tenía una vara. Sansón tenía una quijada. La viuda tenía un poco de aceite. Un muchacho tenía cinco panes y dos peces. Ninguno de estos objetos era impresionante — todos se convirtieron en históricos.
El denominador común nunca fue la calidad del instrumento. Fue la disponibilidad de quien lo sostenía.
Dios tiene el hábito de elegir lo pequeño para avergonzar a lo grande, "para que nadie se jacte en su presencia" (1 Corintios 1:29). Si David hubiera vencido con armamento superior, la gloria se habría dividido. Con una honda, no hay manera de dividirla.
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2. Las Piedras Eran Simples — Pero Fueron Escogidas
Fíjate en un detalle que se pierde en una lectura apresurada: David escogió las piedras. No recogió las primeras cinco que encontró. Eligió piedras lisas — pulidas por la corriente del arroyo, con la forma adecuada para volar directo.
La sencillez no es descuido. David confiaba en Dios y aun así escogió bien sus piedras. La fe no dispensa la diligencia; la fe da sentido a la diligencia.
Aplica esto a tu servicio: preparar bien el mensaje, cuidar lo que haces, perfeccionar el don que Dios te ha dado — nada de eso compite con la dependencia de Dios. Forma parte de ella.
Y hay algo más en este detalle: aquellas piedras fueron formadas por el agua a lo largo de mucho tiempo. Lo que Dios va a usar en tu mano también ha pasado por un proceso. El arroyo de tu pasado no fue un desperdicio.
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3. No Despreciéis Lo Que Ya Está en Vuestra Mano
Muchos creyentes viven paralizados esperando tener lo que no tienen. Cuando tenga más formación. Cuando tenga mejor voz. Cuando tenga más recursos. Cuando sea como aquel hermano.
Dios le preguntó a Moisés: "¿Qué es eso que tienes en tu mano?" (Éxodo 4:2). No le preguntó lo que le faltaba — le preguntó lo que ya tenía.
La honda de David no era un instrumento de guerra respetado; era una herramienta de pastor, usada para ahuyentar a los depredadores del rebaño. Lo que él aprendió a hacer en el trabajo cotidiano se convirtió en el arma del momento decisivo.
Lo que Dios ya ha puesto en vuestras manos, por común que parezca, puede ser exactamente el instrumento del próximo milagro.
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Conclusión
No esperéis la armadura que no tenéis. Mirad lo que tenéis.
Quizás sea una casa donde podéis recibir a personas. Una profesión. Una voz. Un tiempo libre. Un dolor por el que habéis pasado y que os ha hecho capaces de comprender a quien sufre lo mismo.
Cinco piedras y una honda, en las manos de un hombre lleno de fe, derribaron aquello que un ejército entero no se atrevió a enfrentar.