Dios Usa a Quien Nadie Elegiría
"Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz." — Hebreos 11:31
Hebreos 11 es la galería de la fe. Abel. Enoc. Noé. Abraham. Sara. Moisés.
Y, en medio de ellos, sin ninguna disculpa ni explicación: Rahab.
Piénsalo un momento. Si ella apareciese hoy a la puerta de una iglesia, ¿cuántos criterios cumpliría?
Era mujer, en una cultura que no contaba a las mujeres en las genealogías. Era cananea — del pueblo que Israel debía expulsar. Vivía de la prostitución. No tenía Ley, ni templo, ni sacerdote, ni instrucción religiosa de ningún tipo.
No fallaba un criterio. Los fallaba todos.
Y el Espíritu Santo inspiró al autor de Hebreos a escribir su nombre junto al de Abraham.
¿Cómo llegó ella hasta allí? Oyó hablar de lo que Dios había hecho en el Mar Rojo — cuarenta años antes, en un relato de segunda mano — y creyó.
Y aquí está lo que más me confronta: toda la ciudad había oído lo mismo. El texto dice que todos desfallecían de miedo (Josué 2:9). La información era igual para todos. Lo que fue diferente fue la respuesta.
Lo que otros usan para descalificarte no limita lo que la gracia de Dios puede hacer.
Si hay lugar para ella en esa lista, hay lugar para ti.